“Barcelona está perdiendo 2-0 en el minuto 30 del primer tiempo. Aún le queda buena parte del partido para remontar, pero el tiempo comienza a ejercer presión”.
Con esa simple analogía puede entenderse la situación del Ídolo en esta edición de la Copa Libertadores 2026. Jugadas las dos primeras fechas de la fase de grupos, el equipo de César Farías ha sufrido derrotas que ponen en riesgo el proyecto de todo el año.
La hinchada de Barcelona no puede reclamar ímpetu a los jugadores, porque no les ha faltado. Sin embargo, debe existir mucha frustración porque los partidos frente a Cruzeiro en Guayaquil y a Boca en Buenos Aires, han demostrado las limitaciones del plantel torero.
“Pese a las proezas conseguidas en la fase previa, la fanaticada del equipo más popular del fútbol ecuatoriano debe estar consciente que el nivel de Barcelona es inferior al de los primeros rivales con los que se acaba de enfrentar. Por eso, desde la lógica, el 2-0 en el que encuentra actualmente el partido de la fase de grupos para el Ídolo no sorprende, y en ese mismo sentido, el descuento podría lograr frente a la Universidad Católica de Chile, porque es el rival del grupo con nivel más parejo para la escuadra guayaquileña”.
Andrés Reinoso /Opinión
No obstante, la lógica no siempre se materializa en el fútbol, y Barcelona es un equipo capaz de anularla para su beneficio o para su debacle deportiva. En otras palabras, en las fechas que le quedan por jugar puede recuperar terreno en los encuentros con los rayados chilenos, intentar hacer respetar su localía frente a Boca y registrar una nueva hazaña en tierras brasileñas.
Todo es impredecible para los dirigidos por Farías, porque sabemos que Barcelona es el club de la alegrías inesperadas y efímeras, o de los fracasos resonantes pero nunca eternos. De todas maneras, lo que sí es evidente es que no solo basta con ganas; también es necesario que Barcelona eleve su rendimiento táctico y que la suerte también ponga su parte”.